La mezquindad de Mu’awiya

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Abu Hurayra, que Dios esté satisfecho de él, cuenta que estaba un día yo sentado en el mantes de Mu’awiya, cuando anunciaron: “Un enviado del comendador de los creyentes, que Dios esté satisfecho de él, espera en la puerta”. Así que ordenó que le hicieran entrar. Entró un árabe beduino, que se sentó en el mantel, miró, vio un borrego asado, lo colocó ante sí, alargó las manos y lo descuartizó. Mu’awiya se revolvía de ira, hasta que al final no pudo aguantar más y dijo: “¡Oh árabe! ¿Acaso el padre de este borrego te ha corneado para que ahora lo despedaces por tu ira?”. Respondió el árabe: “¡Oh árabe! Ten cuidado que hay un pelo gordo en tu comida, no vaya a ser que se te revuelva en las tripas”. El árabe arrojó la comida y dijo: “Ilícito es comer el pan de alguien tan mezquino y ruin que es capaz de ver de lejos un pelo en la comida del invitado”. Mucha fue la vergüenza que sintió Mu’awiya, quien pidió disculpas. Y todo aquello aconteció de lo muy tacaño que él era”…

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La agudeza del hijo de al-Ma’mun+audio

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Contó Hibbat Allah Ibrahim ibn al-Mahdi100 que “en toda mi vida no me he sentido tan avergonzado como una vez, delante de al-Mu’tasim, por culpa del hijo de al-Ma’mun”. Preguntaron: ¿Qué pasó? Dijo: “Un día estaba sentado junto al comendador de los creyentes al-Mu’tasim. Yo le estaba dando vueltas a un anillo que tenía por sello un rubí, cuando de repente entró me preguntó: ¿De dónde has sacado este anillo? Respondí: “Este anillo lo empeñé en la época de tu padre al-Mu’tasim. El hijo de al-Ma’mun respondió presto: “De la misma manera que no le agradecerás a mi padre el haberte mantenido vivo hasta ahora, tampoco le estarás agradecido a él por haber desempañado en su época un anillo”. Me quedé avergonzado por aquellas palabras y los allí presentes se quedaron maravillados por la agudeza y el juicio de aquel niño, pues han dicho nuestros semejantes”…

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Invitado y parásito+audio

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Cuentan que un visir de Bujara marchó a realizar la peregrinación por todo lo alto y con todo lujo. Más de un centenar de camellos portaban sus pertrechos mientras él iba sentado en un palanquín siguiéndole a la zaga una gran corporación de grandes ulemas. Cuando llegó a las cercanías de “Arafat, vino un derviche hambriento, sediento y con los pies llenos de llagas, quien al ver todo aquello se dirigió a él para decirle: “¿Tienen tu peregrinación y la mía la misma recompensa? Tú vas con toda prosapia y yo voy con esta desgracia”. Dijo el visir de Bujara: “Espero que mi recompensa no sea la misma que la tuya. Si yo supiera que tú y yo tendremos el mismo grado jamás me habría adentrado en el desierto”. Preguntó el derviche: ¿Por qué? Respondió: “Porque yo acato la orden de Dios, y tú la desacatas…

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La improvisación de palabra de Farroji+audio

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El sabio Farroji, que hubo ornado el bello rostro de la elocuencia con el ornato de su talento, era brillante poeta y afamado sabio en la época del sultán Yamin al-Dawla113. Y se dedicaba primero a trabajar en el arte de la palabra y a precisar sus significados, en lo cual sobresalió de entre sus semejantes hasta que finalmente llegó al “sahl-e-momtane”, y se acomodó junto al sultán Yamin al-Dawla, adquirió muchos dineros y se puso en camino para ver Samarcanda…

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La guía del alumno al maestro+audio

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Cuentan que cuando la fama del médico Aristóteles se difundió por todo el mundo, acudían a él médicos de todas partes del mundo a fin de tomar de él provecho. Y había en su época en el país de la India un médico avezado al que llamaban Sarbat107, afamado por sus artes y diestro. Al oír la mucha nombradía de la ciencia de Aristótels y de su buen hacer, salió de incógnito de la India rumbo a Grecia, donde estuvo un tiempo al servicio de Aristóteles, aunque, obviamente, sin darse a conocer y aparentando que estaba desprovisto de toda ciencia. Observaba sus tratamientos, hasta que aconteció que cierta noche a un hombre que estaba dormido se le introdujo por el oído un ciempiés, que algunos llaman guz jazak108, y se instaló en el cerebro ennegreciéndole la vida a aquel hombre ya que sufría noche y día, hasta que compartió con Aristóteles lo que le ocurría…

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Una prueba a un niño por medio de la música+audio

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Cuentan que cuando murió el rey de Persia éste dejó un niño de dos años de edad. Dijeron: “Hay que sentarlo en el trono real”. Así que convinieron con Bozorgmehr, quien dijo: “Examinadlo primero para ver si tiene sanos los sentidos y está bien de salud y si cabe albergar buena esperanza de él”. Preguntaron: “¿Cómo se le podría examinar?”.

Ordenó que trovadores tocasen música junto al niño, y éste al escucharla se puso alegre y comenzó a patalear y a tocar las palmas. Dijo Bozorgmehr: “Este niño da esperanzas. Hay que reconocerlo como rey”. Y Dios es el más sabio…

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Las claves de la sociedad+audio

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Cierto día, un brahmán estaba diciendo palabras sabias y disertando delante de un rajá de la India. En medio de sus palabras, dijo: “El hombre sensato debe hacer tres cosas a fin de mantenerse sano y salvo. Debe tratar humildemente a sus subalternos, debe dar a ganar a los valientes para que de esta suerte parte de las ganancias llegue a él, y debe dar una parte de sus ganancias a sus subalternos a fin de que disfrutes del resto de tus bienes”…

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