Fiesta de medio de verano, Gahanbar Maidyoshem

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Gahambars son seis festivales de temporada de fiestas, cuando seguidores zoroástricos se reúnen para comer y compartir la comida comunal. Cada gahambar tiene una duración de cinco días. Los Gahambars son las fiestas que sólo se menciona en el Avesta…

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Fiesta de Khordadegan

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Fiesta: Khordadegan Día de celebración: 6º de Khordad (27 de mayo) Motivo de Celebración: este día coincide con el nombre de Amesh Sepand y la conmemoración de su lugar en el pensamiento de los persas. Concepto de Amesh Sepand: Khordad se llama Haurotat en Avesta o Hordat que significa integridad y en la nueva Avesta es conocido como uno de los siete Amesh Sepand y es símbolo del triunfo de Ahura Mazda Khordad, Amesh Sepand es una mujer que conversa con las aguas en el mundo y apoya a las personas en superar la sed, en este sentido en la tradición las personas beben agua en el nombre de Amesh Sepand En Avesta, Khordad y O Mordad se ubican al lado de los que tienen sed…

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Fiesta del fuego

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Los seguidores de la religión minoritaria zoroastriana iraní, se reunieron después de la puesta del sol para conmemorar el Sadé, una antigua fiesta que data del pasado preislámico de Irán y que también comienza a atraer nuevos intereses entre los musulmanes.

Sacerdotes zoroastrianos, vestidos de blanco como señal de pureza, recitaron el martes versos del Avesta, el libro sagrado de esta religión, ante más de 2.000 personas…

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La mezquindad de Mu’awiya

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Abu Hurayra, que Dios esté satisfecho de él, cuenta que estaba un día yo sentado en el mantes de Mu’awiya, cuando anunciaron: “Un enviado del comendador de los creyentes, que Dios esté satisfecho de él, espera en la puerta”. Así que ordenó que le hicieran entrar. Entró un árabe beduino, que se sentó en el mantel, miró, vio un borrego asado, lo colocó ante sí, alargó las manos y lo descuartizó. Mu’awiya se revolvía de ira, hasta que al final no pudo aguantar más y dijo: “¡Oh árabe! ¿Acaso el padre de este borrego te ha corneado para que ahora lo despedaces por tu ira?”. Respondió el árabe: “¡Oh árabe! Ten cuidado que hay un pelo gordo en tu comida, no vaya a ser que se te revuelva en las tripas”. El árabe arrojó la comida y dijo: “Ilícito es comer el pan de alguien tan mezquino y ruin que es capaz de ver de lejos un pelo en la comida del invitado”. Mucha fue la vergüenza que sintió Mu’awiya, quien pidió disculpas. Y todo aquello aconteció de lo muy tacaño que él era”…

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La agudeza del hijo de al-Ma’mun+audio

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Contó Hibbat Allah Ibrahim ibn al-Mahdi100 que “en toda mi vida no me he sentido tan avergonzado como una vez, delante de al-Mu’tasim, por culpa del hijo de al-Ma’mun”. Preguntaron: ¿Qué pasó? Dijo: “Un día estaba sentado junto al comendador de los creyentes al-Mu’tasim. Yo le estaba dando vueltas a un anillo que tenía por sello un rubí, cuando de repente entró me preguntó: ¿De dónde has sacado este anillo? Respondí: “Este anillo lo empeñé en la época de tu padre al-Mu’tasim. El hijo de al-Ma’mun respondió presto: “De la misma manera que no le agradecerás a mi padre el haberte mantenido vivo hasta ahora, tampoco le estarás agradecido a él por haber desempañado en su época un anillo”. Me quedé avergonzado por aquellas palabras y los allí presentes se quedaron maravillados por la agudeza y el juicio de aquel niño, pues han dicho nuestros semejantes”…

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Rudeza y suavidad+audio

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Cuentan que cierto día un árabe beduino de la tribu de los Ansar fue a hablar con Ahmad ibn Abu Jalid102, quien no veía que aquella conferencia le reportara ningún beneficio. Así las cosas, Ahmad ibn Abu Jalid se airó y le soltó rudas palabras con las que ofendió al árabe ansarí, quien dijo: “¡Oh visir! Tienes que saber que Dios, alabado y exaltado sea, te ha dado algo que no le ha dado al Ungido, sobre él sea la paz”. Extrañó aquellas palabras a Ahmad ibn Abu Jalid, quien dijo: “No blasfemes, ¿qué me ha dado a mí que no le haya dado a él?”. Dijo: “A ti te ha dado un mal carácter, y al Profeta no, pues dice el Corán: y en verdad posees un nobilísimo carácter103”. Ahmad ibn Abu Jalid, se rió, lo honró y respondió a sus peticiones por aquella su ocurrencia. Y todo esto se debía a lo sumamente justo que era Ahmad ibn Abu Jalid…

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