La democracia de los multimillonarios

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Sinceramente, esto no tiene arreglo. ¿Cómo responder a un multimillonario* convertido en un toro que arrasa con todo en la arena política? En el Estados Unidos de 2016, la respuesta es obvia: al ruedo no entran los subalternos sino el propio matador: otro multimillonario, por supuesto. Por eso, Michael Bloomberg esta amenazando ahora que entrará en la lidia como candidato de un tercer partido. Según el New York Times, está pensando en gastar por lo menos 1.000 millones de su fortuna de 36.000 millones de dólares (¿o son casi 49.000?) si como parece Donald Trump y Bernie Sanders (hasta ahora el único candidato en carrera que no está respaldado por multimillonarios, por lo tanto una amenaza real para cualquiera de ellos) de verdad podrían ser elegidos para la presidencia. Por supuesto, si quisiera, Bloomberg podría poner miles de millones de dólares en la carrera presidencial, ya que su fortuna supera en 11 veces o más la de Donald Trump (y podría decidir la elección hacia los republicanos o, si ninguno de ellos acabara con una mayoría en el Colegio Electoral, incluso instalarlo en la Casa de los Representantes, haciendo de Paul Ryan el equivalente del Tribunal Supremo en Bush v. Gore**).
Los multimillonarios hacen de las suyas en una era sin límites para las donaciones a las campañas electorales, en la que el Tribunal Supremo permite que fluya, sin escrutinio público alguno, un aluvión de dinero plutocrático a través de las super-Comisiones de Acción Política (PAC, por sus siglas en inglés). Muy pronto se montaron otras “primarias” informales en las que los potenciales candidatos recorrieron de rodillas los centros de turismo y los locales de lujo preferidos por esos multimillonarios rogando su apoyo. Aun así, la transformación de la política estadounidense ha sido tan rápida que esos días pronto podrían ser considerados los viejos buenos tiempos de la democracia del siglo XXI antes de que los multimillonarios se dieran cuenta de que, respecto de candidatos, ya no tenían que comprarlos: muy bien podían ser ellos mismos…

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